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En
Chile, así como en otros países, el uso de los estándares
o normas de competencia se ha
promovido por el gobierno y el sector productivo para fomentar la competitividad
nacional e
internacional, con políticas de aseguramiento de calidad, las normas
de competencia se
emplean como referentes para la formación y en procesos de certificación
de competencias
laborales de los trabajadores.
La certificación de competencias laborales es el "reconocimiento
formal de una competencia
demostrada (por consiguiente evaluada) de un individuo para realizar una actividad
laboral
estandarizada. Es una garantía de calidad de lo que el trabajador es
capaz de hacer y las
competencias que posee para ello".
El certificado de competencia laboral es un documento que reconoce la idoneidad
profesional
y es prueba de que se "sabe hacer" efectivamente una actividad laboral.
El proceso de certificación
de Competencias es voluntario, pero en la medida en que las empresas establezcan
sistemas
de gestión de calidad, se encontrará la convergencia de sus políticas
en esta materia con la
certificación de la competencia laboral y su utilización en los
procesos de selección y mejoramiento
del capital humano.
Para las empresas,
la certificación se constituye en el complemento que faltaba para integrar
su
política de aseguramiento de calidad, por medio de la cual ya no sólo
se certifica la calidad de
procesos y productos, sino también el desempeño de las personas.
Esta triple certificación
fortalece aún más la participación del sector productivo
en mercados nacionales e
internacionales, los que cada vez más exigen mayores avales a la calidad
de los procesos que
intervienen en la producción de bienes y servicios.
Las ventajas de
la certificación para las personas es que:
a) conocen previamente los resultados que deben lograr, ya sea en su proceso
educativo o
en el entorno laboral;
b) en el mercado laboral las personas se consideran competentes por el logro
de
resultados, sin importar, en la mayoría de las veces, la posesión
de títulos académicos
universitarios o la institución educativa en donde se formó;
c) se le reconocen las competencias adquiridas previamente, ya sea por vía
de la
educación o de la experiencia laboral.
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El
enfoque de competencias busca estimular un proceso de aprendizaje que sea significativo
para los estudiantes, integrando la teoría y la práctica, ya que
conecta un determinado
conocimiento o habilidad con la diversidad de aplicaciones en un entorno productivo
complejo
y cambiante.
El proceso, más que tendiente a entregar de conocimientos o destrezas
puntuales, se orienta a
facilitar la identificación de las causas de los problemas presentes
en una situación laboral y
aportar soluciones creativas y efectivas, que en el caso de la formación
de competencias
laborales específicas implican elementos propios de una ocupación.
La formación de competencias laborales, tanto generales como específicas,
demanda un
trabajo de articulación de contenidos y saberes al interior de las instituciones
para optimizar el
tiempo disponible y el uso de talleres, aulas, laboratorios y espacios de simulación.
Igualmente, implica revisar la concepción de la educación en tecnología
vista como un
escenario de integración de conocimientos, habilidades y comportamientos.
La utilización de
los talleres, más que orientarse a una exploración vocacional,
se convierte en la fuente de
aprendizaje de la ciencia y la tecnología y en espacio de iniciación
de las prácticas,
observaciones pedagógicas o pasantías laborales.
Asumir el enfoque de formación por competencias laborales, tanto generales
como
específicas, impone a las instituciones educativas la necesidad de generar
unos vínculos más
estrechos con el sector productivo, de modo que éstas puedan relacionarse
con el mundo
laboral en donde se van a aplicar las competencias mediante prácticas
o pasantías.
Formación
de competencias laborales generales
La formación de competencias laborales generales puede hacerse de manera
transversal a las
áreas definidas en el plan de estudios, involucrando situaciones y contextos
propios del mundo
productivo.
Formar las competencias laborales generales en los estudiantes supone crear
oportunidades en
las cuales las áreas, más allá de desarrollar maestría
en ciertos conocimientos, suministran
insumos para cumplir propósitos de diverso tipo tales como informar,
persuadir, clarificar,
explicar cómo funciona algo, hacer recomendaciones, vender ideas, etc.
Desarrollar estas competencias no demanda tiempos, ni espacios ni docentes adicionales,
pues
se hace en el aula o fuera de ella. En el aula se articula con los contenidos
de las áreas
mediante proyectos y casos, aprovechando la dinámica propia de la interacción
entre los
estudiantes y el docente. Fuera del aula, la formación de competencias
se integra a las distintas
actividades institucionales orientadas a la socialización del conocimiento,
la expresión (teatro,
danzas, etc.), la vinculación con el entorno (servicio social estudiantil,
proyectos
comunitarios), la orientación profesional, los días temáticos
(el idioma, la ciencia, profesor,
agua, etc.), entre otras.
Las situaciones de aprendizaje deben permitir al estudiante moverse en un ambiente
en el que
la solución a los problemas es fundamental, donde el trabajo debe estar
orientado a obtener
unos resultados medibles y satisfactorios. Lo importante es que estas actividades
y espacios
institucionales tengan la intencionalidad explícita de formar competencias
laborales generales,
lo que se refleja en la planeación y diseño de estrategias para
recoger los aprendizajes de
forma sistemática.
La propuesta pedagógica plasmada en los planes de estudio y proyectos
institucionales debe
abordar elementos relacionados con las competencias laborales generales para
dar consistencia
al enfoque de formación propio de la institución educativa.
Formación
de competencias laborales específicas
El movimiento alrededor de las competencias laborales en la actualidad se convierte
en una ruta
para el diseño, mejoramiento y actualización de los programas
que ofrecen las instituciones
de educación o al interior de las empresas.
El diseño de la formación basada en competencias laborales específicas
se orienta a desarrollar
aquellas definidas dentro de una empresa o sector y exige involucrar nuevas
estrategias
pedagógicas relacionadas con los contextos productivos, lo que garantiza
la pertinencia de los
programas.
La modularización se convierte en una característica de los programas
organizados por
unidades de competencia, dando flexibilidad a la oferta y permitiendo la construcción
de
itinerarios formativos desde la educación media hasta la superior, de
carácter técnico y
tecnológico.
La práctica laboral, en condiciones reales de desempeño, es la
estrategia pedagógica central de
la educación basada en competencias laborales específicas. En
ella el estudiante autoevalúa
sus resultados de desempeño y con el apoyo docente realiza planes de
mejoramiento.
Las competencias laborales específicas se adquieren, precisamente, en
el lugar de trabajo o
mediante el uso de estrategias de enseñanza con un fuerte componente
de estudio realizado en
ambientes laborales.
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Por
estar tan fuertemente ligadas al mundo productivo, las competencias laborales
específicas
se constituyen en un instrumento fundamental para incrementar la productividad
y
competitividad de las empresas
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